Una tienda de belleza con decenas de marcas (incluyendo K-beauty) sabía cuántos mensajes generaba cada anuncio, pero no sabía qué anuncio realmente generaba ventas en tienda — el dato de clics y mensajes no bastaba para decidir presupuesto.
En vez de optimizar por mensajes, cruzamos cada ad set con las ventas reales del punto de venta — así el presupuesto sigue a lo que de verdad se vende, no a lo que solo genera conversación.
Cada campaña se mapeó a las marcas y productos específicos que promueve, para saber con precisión qué anuncio vendió qué — no solo "cuántos leads" genéricos.
El ranking de qué escalar dejó de basarse en costo por conversación y pasó a basarse en retorno real medido contra ventas de tienda.
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